miércoles, 21 de junio de 2017

Excursión 354: El Zorro y el Lobo de Cercedilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cercedilla

Final: Cercedilla 
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,5 Km 
Desnivel [+]: 745 m 
Desnivel [--]: 745 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta

















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

FOTOS
Fotos de Antonio López
Fotos de Enrique Cid
Fotos de Joaquín Sastre
Fotos de Paco Nieto

miércoles, 14 de junio de 2017

Excursión 353: Cuerda Larga desde La Morcuera

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Morcuera

Final: Puerto de Navacerrada 
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 20,2 Km 
Desnivel [+]: 1338 m 
Desnivel [--]: 1218 m 
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 3
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
La primera frase cuando me senté en el coche ¡Me ha encasquetado la crónica de la cuerda larga! O también podríamos decir: encalomado, endilgado, endosado, endiñado, apalancado, largado y otras que no conozco, pero que todo el mundo entiende en cuanto las oye, aunque no tengan un significado claro en nuestro diccionario de rico español y no los siesos de los ingleses que no le ponen gracia a las traducciones.

Lo tienes fácil me contestaron mis compis de viaje, te coges la anterior crónica y la escribes al revés y ya está ¡Oye que idea me acabas de dar!

Me pongo a ello y escribo el título:

AREUCROM AL EDSED AGRAL ADREUC :353 NÓISRUCXE

¡Uy! Me da que no es tan buena idea, luego no me queda otra que escribirla en orden inverso que la anterior.

Miércoles 14 de Julio 2017:
Pongámonos en situación: Llegamos al aparcamiento del puerto de Navacerrada al encuentro de todos los senderistas del Gmsma que se han atrevido al desafío de la Cuerda Larga y bien es verdad que tenía todos los ingredientes para un desafío extremo, como las películas de acción, a saber:
-  Sol implacable y temperaturas altas, muy altas.
-  Unos 20 kilómetros por delante.
-  Muchas horas por delante.
-  Ni un árbol, ni una sombra, miento había alguna unisombra, tipo lagartija.
-  Caminos serpenteantes como los que van a los castillos de la bruja.
-  Sin agua en todo el trayecto salvo en los 2 últimos kilómetros.
-  Buitres acechando y soltando plumas.
-  Subidas y bajadas interminables como montañas rusas.
-  Vacas despistadas por las alturas.
- Y lo más importante, los protagonistas de la película, los senderomagos, que buena falta nos iba a hacer algo de magia para acabar indemnes al final del día.

Ya en el aparcamiento nos espera un autobús muy nuevo que nos llevará hasta el puerto de la Morcuera, bien por la logística.

Después de las escenas de saludos e imágenes veraniegas, pies descalzos, cremitas solares, panameños, gorras del desierto y otros atuendos acordes al evento, nos metemos en el autobús 27 senderomagos, entre los que se incluyen el hijo de Paco Donaire en su primera excursión, bajando la media de edad.

Arrancamos a las 10 en punto y nos queda una horita de viaje que se aprovecha para charlar y aflojar la guita al líder recaudador.

Ya en la Morcuera nos esperan 6 más y la perrita Mecha, saludos rápidos y comienza la marcha entrando en la Cuerda Larga por una puerta, en contra de nuestra costumbre que en casa entramos por las ventanas.

Empezamos a subir por la senda de la Najarra y unos cuantos valientes la suben por la parte más empinada, pero están fuertes y hay que reconocer que van sobrados. Hemos arrancado de 1776 metros y llegamos al collado de la Najarra, esta subidita y el calor apretando y la imagen de nuestra mascota Mecha debajo de un arbusto con la lengua fuera lo decía todo, provocando el estiramiento del grupo que avanzaba muy despacio. Arriba ya empezaron las retenciones y esperas preludio de lo que iba a ser el día, esta primera espera estaba justificada esperando a los valientes.

Continuamos no demasiado agrupados hacia la loma de los Bailanderos con 2133 metros, el paisaje a lo lejos no es muy halagüeño, loma descarnada camino serpenteante y calor, paramos en la loma a tomar el refrigerio reagruparnos y despedir a las estrellas fugaces.

En marcha otra vez, a bajar por las bailonas piedras, dándole encanto al camino jugando a saltar de piedra en piedra y al levantar la cabeza vemos una larga bajada hacia el collado de Pedro de los Lobos en el que se vislumbraban unas bucólicas vaquitas, con una subida larga hacia Asómate de Hoyos con 2242 metros y gracias a que el viento soplaba y refrescaba se sobrellevaba la caminata. Así que una vez que pasamos por el medio de las vacas con sus cornamentas y caras lánguidas y llegamos a Asómate de Hoyos nos volvemos a reagrupar y con la vista puesta en lo que queda hasta las Cabezas de Hierro empezamos a andar muy estirados.

Por mucho que intente aderezar José María su foto reportaje con las maravillosas vistas de Peñalara y La Pedriza, la verdad que es un secarral todo el paisaje, exagerando un poco tiene un cierto parecido a mis Monegros, aunque tengo que reconocer que se vieron dos neveros tamaño nevera de piscina y no hay nada más que comentar hasta antes de acometer las Cabezas de Hierro, aburrido camino sin saber qué tan lejos venían los de detrás y decidimos parar a comer, otros decidieron subir antes de comer.

Después de una larga espera nos enteramos que Julián había sufrido un pequeño incidente “pata de palo” del que fue atendido rápidamente y terminó reponiéndose.

Terminamos de comer y acometemos Cabeza de Hierro Mayor llegando a los 2381 metros, aprovechamos el reagrupamiento para hacer la foto de grupo.

Se vislumbra a lo lejos la Bola del Mundo, pero queda bajar de donde estamos y subir a Cabeza de Hierro Menor con 2376 metros, volver a bajar al collado y volver a subir al cerro de Valdemartín con 2282 metros ¡Vamos entretenidísimo! Y de ahí a las cabezas de pista, bajada sin esquís y subir a la Bola del Mundo.

Estas subidas y bajadas hicieron mella en el grupo que se alargó bastante, eran ya muchos kilómetros y nuestro compañero José María iba algo tocado, pero estaba apoyado por Joaquín que no lo abandonó en ningún momento. Y llegó el último agrupamiento para decidir bajar por la senda de los tubos en busca de una fuente que resultó estar fresquísima.

Ya sólo quedaba un poquito de bajada hasta el aparcamiento y las merecidas cervezas o refrescos para los conductores, las caras se recompusieron y mejoramos el aspecto de cansados. Atrás unos 20 kilómetros de los que mitad y mitad de subidas y bajadas y cuarto mitad de piedras, camino pesado y sensación de largo camino, gracias al continuo calor y ni una sombra.

Eran ya pasadas las 7 de la tarde, contando el tiempo en el autobús 9 horas. Mención especial a la única senderomaga “Pepa” que ha hecho todo el camino y con el extra de la subida a la Najarra.

Quizás sin tanto calor los ánimos hubiesen sido otros, así que valoro esta excursión con tres sicarias y gracias.

Hasta la  próxima Cuerda Larga y, si puede ser, al derecho. 
José Antonio Aguerri

FOTO REPORTAJES

miércoles, 7 de junio de 2017

Excursión 352: El río Jarama por La Hiruela

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Hiruela
Final: La Hiruela
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  15,2 Km
Desnivel [+]: 311 m
Desnivel [--]: 311 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 30

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
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lunes, 5 de junio de 2017

Excursión 351: Noceda-Ruta de las Fuentes Medicinales

FICHA TÉCNICA
Inicio: Noceda
Final: Noceda
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  11,1 Km
Desnivel [+]: 511 m
Desnivel [--]: 511 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: 
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























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RESUMEN
Aunque cansados por el ajetreado fin de semana vivido, decidimos que el lunes volvíamos al Bierzo para poner fin al viaje por estas tierras del noroeste. El día luminoso y fresquito nos animó y pusimos rumbo a Noceda, pueblo que se extiende a lo largo de 4 km a los pies de la Sierra de Gistredo, y famoso por la calidad y pureza de sus aguas y sus propiedades curativas. Aquí me iba yo a curar mis agujetas de libro conseguidas con mucho esfuerzo en la bajada del Vizcodillo.

Dejamos los coches al lado de la iglesia de San Pedro y empezamos la ruta de las fuentes medicinales también conocida como ruta de la genciana, ya que la zona es pródiga en una planta que lamentablemente se encuentra en peligro de extinción. La genciana se toma en infusiones y se recomienda en tratamientos digestivos.

Cruzamos un camping que suele utilizarse en la época estival para hacer campamentos escolares, e iniciamos la subida hasta alcanzar la Fuente de Juan Álvarez, probamos y seguimos hasta la Fuente del Azufre, allí pudimos comprobar la habilidad de Ángel para beber agua que caía en hilillos por la peña ferruginosa, y de paso teñirnos de color rojizo mientras intentábamos beber un poquito, la verdad es que sabía a cañería oxidada. Continuamos hasta la Fuente de la Salud cuya agua es oligomineral, clorurada y sulfatada, y mientras, algunos aprovechábamos para practicar English pues los exámenes están al caer. Después hicimos la paradita para el tentempié y nos comimos los lazitos cortesía de Mª Ángeles.

Y ya empezamos a ascender al mirador de Las Peñas de La Gualta, que se encuentra situado en unas rocas en forma de torreón con reloj solar incluido, desde aquí pudimos contemplar todo el valle de Noceda y al fondo los montes Aquilianos de un color azulado realmente espectacular.

A partir de aquí comenzamos el descenso ¡que dolor¡ ¡mis agujetas¡, menos mal que había cuerdas para sujetarse, así llegamos a la catarata de Las Peñas de La Gualta, un enorme chorro que cae a plomo sobre un pozo desde unos 20 metros de altura donde puedes relajarte con el sonido del agua sobre las peñas, darte un bañito o hacer un reportaje fotográfico.

Aún nos quedaban dos fuentes más por catar, la del Canalijo, Rosa -muy servicial ella- nos daba a probar el agua con su botellita y la de Rubio –creo que a esta solamente llegó Ángel, con agua bicarbonatada y con propiedades curativas para el reuma. Las imágenes del río Noceda saltando entre las peñas y los bosques de castaños y robles y abedules nos acompañarían a lo largo de todo el recorrido.

Aunque sólo éramos ocho, llegamos al final de la ruta por grupos y nos perdimos un poco por el pueblo que a esas horas -3 de la tarde- estaba tan desierto como la playa de María Isabel –jajaja- la verdad es que con lo joven que soy no sé cómo me he podido acordar de una canción setentera, jajajajaja.

Al final comimos en el restaurante “El Verdenal” ya a la salida del pueblo y pusimos rumbo, unos a Madrid –pasando por Urueña- y otros a Madrid también pasando por San Justo, y así acabó este intenso, fantástico y largo fin de semana.

En resumen, una excursión muy bonita, y más por ser en primavera, lo que hace que se merezca 5 sicarias.
Carmen Vega

FOTOS

domingo, 4 de junio de 2017

Excursión 350: San Facundo - Matavenero

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Facundo
Final: San Facundo
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  10,9 Km
Desnivel [+]: 364 m
Desnivel [--]: 364 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 31

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL

* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Nuestros amigos Pepe y Jesús, que el día anterior nos habían obsequiado con una visita espectacular a la sierra de La Cabrera, querían seguir presumiendo de su tierra leonesa, así que nada mejor que introducirnos en El Bierzo. Había que llegar al pueblo de San Facundo por carretera y, desde allí, según la información previa, dar una vuelta por los alrededores antes de comer en el mismo pueblo, para después despedir a la mayoría de los senderomagos que iniciarían la vuelta a Madrid.

Al acercarnos a San Facundo ya veíamos que las montañas se empinaban cada vez más y que parecía inverosímil poder dar una vueltecita por allí sin salvar dificultosos desniveles. La cosa daba todavía más respeto cuando vimos que allí se acababa la carretera. Por otra parte, como la verdad es que el paisaje era de ensueño, daban ganas de internarse en él y desaparecer entre los altos riscos revestidos de vegetación y los mil recovecos que se adivinaban.

Una vez confirmada la comida en el bar/restaurante Hermanos Villa, iniciamos el paseo guiados por Pepe, adentrándonos aguas arriba por el arroyo del Rial. Mirando los abruptos escarpes a izquierda y derecha, uno se daba cuenta de que es verdad eso que se dice de que el agua siempre encuentra un camino, aunque también de que este camino ha debido costarle un porrón de milenios trazarlo. Al principio, transitábamos por un cómodo caminito bordeado de cerezos e impresionantes castaños que nos daban sombra, pero, al poco, nada más cruzar un puente sobre el río, el camino se convertía en senda y comenzaba a trepar por la ladera.

Aunque había que hacer algún esfuerzo, éste siempre se compensaba de sobra con las vistas sobre el río y su entorno. Así, por ejemplo, descubrimos de pronto un pequeño embalse muy por debajo de nosotros y, bajando de nuevo al cauce, cruzamos un bonito puente bastante artesanal hecho con maderos partidos por la mitad. De nuevo en la margen izquierda, llegamos a un punto en que el camino se bifurcaba: El ramal izquierdo hacia Poibueno, el derecho hacia Matavenero, según sendas indicaciones al pie del camino. Tomamos este último para seguir ganando altura por un sendero muy bien cuidado que iba salvando los roquedos por entre los brezos. Nos encontramos de camino dos mujeres con un niño que descansaban a la sombra y nos dieron la impresión de estar disfrutando del paraíso.

El grupo se iba alargando, en parte porque Pepe marcaba un buen ritmo y en parte porque uno, a poco que se descuidara, se disipaba fácilmente dejándose llevar por los sentidos. También íbamos Rosa y yo cavilando, pues nos resultaba familiar el nombre de Matavenero y nos remitía a una película que habíamos visto, “Julie”, que se había rodado en un remoto pueblo abandonado y posteriormente repoblado por una comunidad alternativa de gentes de procedencia diversa. Jesús nos confirmó que así era Matavenero y nuestras expectativas por llegar al pueblo aumentaron. En estas andábamos cuando, a lo lejos y en lo alto una loma, divisamos unas construcciones que correspondían al pueblo.

Caminamos un poco más siguiendo el sendero que torcía a la derecha para poder cruzar el arroyo de la Reguera. Pasado el puente sobre este arroyo hicimos una parada para reagruparnos y tomar un refrigerio. A continuación, una empinada subida hasta Matavenero de unos 100 metros de desnivel. Pepe se asombraba después de que, en sólo este tramo, la diferencia entre los que llegaron primero y los últimos fue de nada menos que 10 minutos (misterios del GMSMA).

Una vez en el pueblo, los que llegamos los últimos vimos que muchos de los compañeros estaban entretenidos en una tienda de artesanía, así que aprovechamos para echar un vistazo. Así, pasamos por la taberna, la escuela o la cocina comunitaria, que es donde se alojan los recién llegados al pueblo. Tropezamos también con algunos de los habitantes del lugar y tuvimos una charla muy provechosa con Jorge, un sociólogo recién licenciado interesado en las ecoaldeas y que llevaba allí viviendo un mes entregado a la investigación y a la vidilla del lugar. Hasta que ya nos despedimos de él porque, visto que no se allegaba nadie más por allí, se nos ocurrió que quizá el resto del grupo ya estuviera pensando en proseguir el camino.

Bajábamos tranquilamente por donde Jorge nos había indicado que se iba hacia Poibueno, cuando un fatigado Jesús nos salió al encuentro subiendo la cuesta. Aunque nos lanzó alguna imprecación del tipo: “¡Qué hay que llegar a comer, jo…!”, pronto quedó abducido por la paz que transmitíamos y bajó con nosotros en camaradería hasta el Dom, una gran construcción circular pensada para dar cobijo a las actividades comunitarias, un tanto deteriorada a día de hoy.

Al poco de atravesar una cancela de madera y un arroyuelo, llegamos frente a Poibueno, un pueblecito a orillas del Rial abandonado totalmente. Para acceder hasta sus ruinas, tuvimos que pasar el río sobre los restos de un puente desvencijado, ayudándonos de una soga que se ha colocado para este propósito.

Poibueno es un lugar de misterio donde Becquer se hubiera podido inspirar para crear unas cuantas leyendas de haberlo conocido. Su iglesia, en particular, de una construcción recia y bella a la vez, que se resiste al derrumbe total, evoca tiempos memorables. En el pequeño cementerio anexo, cubierto de escombros, sólo una cruz de hierro oxidada remite a su pasado.

Embelesados por estos hallazgos, otra vez nos habíamos quedado los últimos, pues el grupo continuaba su camino, ahora de vuelta a San Facundo por la otra orilla del río. Así que, a buen paso, proseguimos por la senda, subiendo y bajando alternativamente, hasta que, en un recodo del río, nos sorprendió un fuerte estruendo y alcanzamos a los compañeros, que estaban alucinado mirando como el río se abría paso muchos metros por debajo horadando las rocas. Estábamos en el denominado Pozo de las Hoyas.

La hora se nos iba echando encima para comer, así que aceleramos el paso para cruzar enseguida otro puente de madera de factura muy profesional, y seguir andando hasta afluir al camino que habíamos traído al venir de San Facundo horas antes. Un poco cansados por el apretón final, pero muy contentos con el recorrido, llegamos al restaurante, donde tomamos una sencilla pero suculenta comida; de segundo plato, algunos degustaron chuleta de ternera y otros preferimos trucha recién cogida de la piscifactoría. Todos quedamos satisfechos.

Una vez leída la crónica y vista tanta maravilla, Madi opina que otorgar el máximo de 5 sicarias a este evento es obligado. Mención especial merecen Jesús y Pepe por su entrega y su paciencia.
Melchor