miércoles, 13 de septiembre de 2017

Excursión 367: Base FAMET y Cerro de San Pedro

FICHA TÉCNICA
Inicio: Colmenar Viejo
Final: Colmenar Viejo
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 4,8 Km 
Desnivel [+]: 371 m 
Desnivel [--]: 371 m 
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 28

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














miércoles, 6 de septiembre de 2017

Excursión 366: Las rajas de Colmenar Viejo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Colmenar

Final: Colmenar
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 17,3 Km 
Desnivel [+]: 209 m 
Desnivel [--]: 209 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable:
Valoración: 4,5
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

El sábado me despierto con un mail enviado por Antonio a las 7h13 dónde me dice “el otro día, con la amenaza de las sicarias sobre mis piernas, se me olvidó comentarte si no te importaría hacer la crónica y asi vas ganando por goleada en este apartado”. Eso se llama actuar con nocturnidad y alevosía…

Así que aquí que estoy con mis ciento y pico de crónicas a mis espaldas, haciendo una más...

Ésta era la última excursión veraniega de este año 2017 y para celebrar tan importante acontecimiento, Antonio, a propuesta de José Luis y Teo, nos ha sorprendido con un original paseo por las Rajas de Colmenar Viejo.

Estas rajas son sencillamente antiguas canteras en medio del campo de dónde se extraía pórfido (roca constituida principalmente por cristales de feldespato y cuarzo) que se utilizaba para el adoquinado y que están, hoy en día, llenas de agua.

“De Colmenar Viejo procedían los adoquines de diabasa -pórfido verde oscuro- que pavimentaron las calles de Madrid a partir del siglo XVI. Muchos de ellos, tal vez millones, permanecen bajo el asfalto y afloran cuando surgen socavones u obras”.

Pero vayamos al relato de la excursión:
De nuevo, las mediciones de Antonio se quedaron muy cortas. Nos presentó la marcha como un paseito circular de unos 12km y 250 m de desnivel pero resultó ser mucho más largo: más de 17km a pleno sol de ocaso veraniego. Llegamos todos al lugar indicado por Antonio con tiempo suficiente para los besos y abrazos de rigor y a las 10h en punto, el Boss dio el pistoletazo de salida.

Nos adentramos en la zona llamada de la Bastiana por el camino de la Retuerta, con siempre como horizonte las bonitas vistas de la Pedriza coronada de su emblemático Yelmo. El sol empezaba ya a avisar de lo que iba a ser la tónica del día, mucho calor.

Pronto nos topamos con la primera raja, una hendidura en el suelo hecha por el hombre de varios metros de profundidad y que estaba llena de agua. Creo que nos quedó la duda de si era agua almacenada de lluvia o agua del subsuelo. A Teo eso le era indiferente y aprovechó para darse el primer baño del día. Seguimos caminando y aparecieron dos rajas más, todas muy parecidas y todas con agua.

Íbamos por el kilómetro tres cuando llegamos al puente que pasa por encima de la vía del antiguo ferrocarril Madrid Burgos, bien conocida por el GMSMA por haberla recorrido en otros puntos como por ejemplo Miraflores de la Sierra.

Actualmente en desuso, varios municipios del valle del Lozoya han invertido ya una buena cantidad de fondos para aprovechar dicha infraestructura ferroviaria y promover la restauración de un tren histórico denominado “Tren Turístico y Medioambiental Translozoya” que realizaría trayectos turísticos desde la capital. Su inauguración estaba prevista para este verano pero todo sigue paralizado por decisión de ADIF y Fomento.

Bajamos a las vías y después de recorrer un tramo por ellas nos salimos por la derecha para coger un camino en el que vimos una flecha amarilla que alguien dijo que indicaba que el Camino de Santiago pasaba por allí.

Volvimos a cruzar la vía del tren pero esta vez, por debajo y pronto llegamos a orilla del río Manzanares. Desde allí, asomaba por encima de la arboleda la bonita torre de la compuerta del embalse de Santillana y Antonio quiso llevarnos a verla de cerca.

De camino, vio una pequeña zona de sombra a la orilla de un riachuelo y decidió que era el sitio perfecto para tomar el tentempié. Efectivamente, un sitio idílico para protegernos del sol pero no tanto para el olfato pues era el agua que venía de una depuradora aguas arriba y parecía que ese día la tenían apagada.

Emprendimos de nuevo la marcha y pronto llegamos a la entrada del recinto de seguridad del embalse, donde nos encontramos con un gran letrero de prohibido el paso. Paco Nieto llamó por teléfono para preguntar si era posible entrar pero le dijeron que era imposible sin una autorización previa así que nos quedamos con las ganas.

He leído que en la actualidad, es muy difícil conseguir esa autorización:
“La torre fue acondicionada como museo en 1971 habilitando una pasarela sobre las aguas para facilitar su visita. En la actualidad se encuentra cerrada y ni siquiera es posible acercarse a sus inmediaciones, salvo en contadas excepciones”.

En 1907, Joaquín Ignacio de Arteaga y Echagüe (1870-1947), XVII duque del Infantado y, entre muchos otros títulos, Marqués de Santillana, decidió construir el Embalse de Santillana, conocido hoy día como la presa vieja.

En 1969 se construyó la presa nueva. Con una altura sobre cimientos de 40 m (unos 10m más que la vieja) y una longitud de 1355 m, la presa nueva duplicó la capacidad de almacenamiento del embalse pasando de 47 a 91 hectómetros cúbicos.

La presa moderna se antepone a la antigua. La estructura primitiva, formada por dos ramales en arco que cierran el valle, fue sumergida aunque quedaron al descubierto varios elementos arquitectónicos de gran singularidad como la torre de toma mencionada.

“Cuando el marqués decidió construir el Embalse de Santillana, pidió que la presa que iba a anegar el entorno del Castillo de Manzanares no desentonase con la fortaleza. Con tal fin volvió a contratar a Lampérez, el arquitecto que proyectó la restauración del castillo de Manzanares el Real”.

“En el punto de confluencia de ambas secciones situó la torre de toma que alcanza los 35 metros de alto y es de forma octogonal, la misma planta que tiene la torre del homenaje del Castillo de Manzanares. Al igual que ésta, se encuentra decorada con bolas de piedra en todos sus lados y, en el principal, tiene labrado un grandioso escudo del Real de Manzanares, una de las posesiones históricas de los duques del Infantado”.

“Con respecto al muro de contención, éste se asemeja a una muralla, con sus almenas, matacanes y torres defensivas adosadas”. Creo que esta infraestructura hidráulica merece ser motivo para una marcha del GMSMA. Habrá que intentar conseguir ese complicado permiso.

Con la decepción de no haber podido acercarnos a la famosa torre, volvimos sobre nuestros pasos hasta un puente que nos permitió pasar a la otra orilla del río Manzanares.


Unos 2 kms más adelante, llegamos a las ruinas de un batán:
“Los batanes son estructuras en las que se asentaba una próspera industria de la piel e hilatura usando agua como fuerza motriz de la instalación. El batán o pisón es una máquina ideada para batanar o abatanar las telas, para golpearlas. Cuando se quería que los paños tuvieran una mayor resistencia o un mayor grosor, al salir del telar se les conducía a los batanes donde sufrían este proceso”.

Estas instalaciones se abandonaron hace años por el descenso del nivel del río como consecuencia de la construcción del embalse de Manzanares. Aprovechamos este interesante lugar para hacer la foto de grupo que tuvo que repetirse tres veces porque Javier se empeñó en colocarse en lo alto de una piedra y no salía en el enfoque.

A escasos metros arribamos al Puente del Batán, nombre que toma del batán aguas arriba. De un único ojo y construido enteramente en piedra de granito. Aunque algunos le atribuyen un origen romano, data realmente de la Edad Media y ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de su historia como la de 1681 donde una riada obligó prácticamente a su reconstrucción. Jorge no quiso irse de allí sin hacer su ya famosa postura artística en lo alto del puente.

Continuamos la marcha por un camino árido y con el sol a su máxima potencia cuando Antonio vio unas piedras con unas sombras y dio la orden de parada para el “bocata montañero”. Todos lo agradecimos porque estábamos bastante calientes por fuera y por dentro. Dimos cuenta de nuestros manjares y de la poca agua que nos quedaba.

Cuando algunos aprovechaban para echarse una siestecita, apareció de repente un ex empleado de Telefónica, amigo de José Ramón y Paco Nieto que venía solo en bicicleta desde Colmenar Viejo. Viendo el recorrido, una verdadera hazaña, la suya.

Algunos pensaron llamar a la base militar de helicópteros para que vinieran a nuestro rescate pero los del GMSMA nunca se rinden y nos pusimos de nuevo en marcha. Otra vez la solanera, cruzar de nuevo la vía del tren saltando un par de muros y llegamos a la cuarta raja y luego a la quinta. Estábamos todos de rajas hasta la coronilla.

Con todas las existencias de agua agotadas (Los que les quedaban algunas gotas quisieron hacer negocio con ellas y pusieron precio a tan preciado tesoro!) , y cuando todos solo pensábamos y soñábamos con cervecitas y refrescos bien fríos apareció la sexta raja. La mayoría se acordaron de la madre de todas las rajas pero Paco Nieto y Antonio -que nos había vendido que habría baño- se empeñaron en buscar una entrada a la raja y la encontraron.

Fueron los primeros en meterse en la piscina improvisada y la mayoría, viendo las atractivas y limpias que eran sus aguas, siguieron el ejemplo. Yo me lo pensé un poco pero, al final, me decidí a darme un chapuzón que pensaba iba a ser placentero. Lo fue pero no me esperaba el agua tan fría, estaba congelada! Por cierto, últimamente está tomando fuerza en el GMSMA un movimiento naturista!

La verdad es que el baño nos dejó a todos como nuevos y los dos kilómetros que faltaban para los coches fueron mucho más llevaderos.

Solo para terminar con las famosas rajas, he visto el siguiente comentario en internet: “Una cantera ubicada en la zona de La Bastiana, junto al río Manzanares, fue cerrada tiempo atrás por el alcalde colmenareño: motoristas adolescentes saltaban sobre sus paredes diagonales y afilados tajos con sus ciclomotores; aquel arriesgado juego causó varios accidentes mortales”. Tampoco es recomendable pasear de noche por la zona pues esas rajas pueden ser unas trampas mortales.


José Ramón y Paloma, que venían de ser abuelos de su segundo nieto invitaron a las cervezas y refrescos y todos brindamos por Adrían deseándole todo lo mejor de este mundo, sobre todo buena Salud y mucha Felicidad. Lo celebramos en un sitio muy bonito, la cafetería de la Ermita de Ntra. Sra. de los Remedios y pudimos visitar su Ermita que alberga la imagen de Ntra. Sra. de los Remedios, patrona de Colmenar Viejo.

Y entre cervezas y cervezas, algunos vimos el final de la etapa de la Vuelta Ciclista a España con un Contador colosal. Con una última mirada desde el Mirador de la Ermita a las vistas inigualables del embalse de Santillana, Manzanares el Real y toda la Pedriza, nos marchamos todos muy contentos a nuestras casas.

Puesto en contacto con la agencia internacional de Calificación de Senderismo Madi, tengo el placer de anunciar que esta prestigiosa agencia ha otorgado a esta 366ª excursión una nota de 4,5 sicarias por lo tranquila pero a la vez exigente, por su programa original y su buena organización y por lo bien que se lo han pasado todos los senderomagos asistentes.
Antolín

FOTO REPORTAJES

miércoles, 30 de agosto de 2017

Excursión 365: El Picazuelo de Buitrago

FICHA TÉCNICA
Inicio: Buitrago

Final: Buitrago
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 16,4 Km 
Desnivel [+]: 319 m 
Desnivel [--]: 319 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 3
Participantes: 10

MAPAS 
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TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Tras la vuelta de vacaciones me encontré con que este verano el GMSMA no descansaba. Lo habitual era que tras las excursiones ‘acuáticas´ que organiza Paco haya unas semanitas de descanso hasta que se inicia la nueva temporada subiendo al cerro de San Pedro, ya bien entrado septiembre. Supuso por tanto una sorpresa esta convocatoria de Antonio para finales de agosto.
Me apunté a la que para mi sería una jornada especial, por un lado nos iba a acompañar mi hija Laura, al igual que ya hiciera hace casi un año, que teniendo en cuenta que ‘no para en casa’ es todo un logro. Y por otro, sería mi excursión número 100, lo que me permitirá disponer de la codiciada y prestigiosa Estrella Negra. Tiene gracia, aún me considero un novato es este fantástico grupo y resulta que ya debo ser un veterano.
La jornada se presentaba sumamente incierta, estábamos en días de grandes tormentones, y la predicción decía que este sería uno más, por mucho que ‘el boss’ nos la pintara como ´con baño incluido’ en el embalse de Puentes Viejas, más bien parecía que sería ‘con ducha incluida’, como bien apuntó Antolín en su momento.
Tal vez esta predicción meteorológica fuese el motivo de la escasísima asistencia, éramos tan solo 10 ¡atención, atención, entre los asistentes no estaba Paco Nieto! La excursión en que he participado como menor número de paerticipantes. Por cierto, que recuerdo que en mi última crónica, hace apenas 3 meses, también fue la de menor asistencia en que participé. Me debo estar especializando es casos de poca afluencia.
Ante este panorama tuve que meter de todo en la mochila: mucho agua, bañador, toalla y ‘fanequeras’ por un lado, pero también chubasquero, capa de agua, paragüitas, ropa de repuesto y casi casi ‘una rebequita por si refresca’ (como buen segoviano, faltaría más). Por cierto, ya sabéis como reconocer a un segoviano en una playa nudista ¿no? , es el que va con la rebequita en el brazo, por si refresca, claro.
El ‘meeting point’ era en Buitrago de Ron (perdón de Lozoya), a la hora habitual. Como éramos cuatro gatos no hubo que demorar el inicio y a las 10 en punto ya estábamos en marcha.
Comenzamos a andar por un camino hacia el sur, durante un par de kilómetros largos, hasta que nos salimos del mismo, girando a la izquierda, ya sin camino, en lo que sería la subida a ‘la única dificultad montañosa de etapa’ (se nota que estos días estoy siguiendo la Vuelta Ciclista ¿verdad?), El Picazuelo, que resultó ser poquita cosa, haciendo honor a su nombre. Caminábamos  tranquilamente, sin ninguna prisa. A escasos metros de la cumbre hicimos la parada del Ángelus (aunque solo eran las 11h), además del tentempié aprovechamos para hacer la foto de grupo (de mini grupo), junto a un viejo banco de madera con mesa incluida, de esos que hay en los parques para la merienda, y que vete tú a saber como llego hasta allí.
Anduvimos esos metros más y llegamos a la cumbre, que estaba presidida por una aparatosa antena llena de cachivaches. Nos sorprendió que hubiera un coche, y hasta un vigilante, encaramado en lo alto, en su caseta, y que nos aclaró que era eso: un vigilante, no un técnico de telefonía ni nada parecido. No estoy muy seguro que era lo que vigilaba. Al rato me di cuenta de que entre otras cosas me vigilaba a mi. 
Resulta que también había un vértice geodésico, y que me puse de pie en lo alto del mismo, lo que fue un tanto peligroso, ya que estaba medio suelto (el vértice, no yo) y se movía bastante. El vigilante no me quito ojo de encima hasta que me bajé. Luego entendí el motivo, en la base había un cartelito que avisaba que su destrucción estaba penado por la ley, y yo venga a darle meneos y a subirme a ver si aguantaba. 
El paisaje desde este punto era bueno, veíamos las Cabrerillas, el Pico de la Miel, el embalse de Riosequillo  y hasta las viejas antenas de Telefónica, en Gandullas, lo que nos dio excusa para comentar las batallitas que algunos hemos tenido en estas instalaciones en tiempos remotos.
Iniciamos el descenso hacia el este. Tan solo habíamos recorrido 3,5 km, menos de la cuarta parte de la excursión, por lo que el jefe se puso a tirar del grupo, avivando el ritmo y girando hacia el norte, casi buscando el camino más corto hacia el embalse de Puentes Viejas.
El tiempo seguía de nuestra parte, el cielo encapotado, pero sin una gota e incluso cuando estábamos llegando al embalse salió el sol, no obstante no parecía que la temperatura fuese suficiente para conseguir animarnos al baño. Sin embargo, al bajar hasta el agua, estábamos entre piedras y al sol, lo que nos animó a unos cuantos a bañarnos (alguno no necesitó bañador) y a nadar un poco.

El embalse parecía una piscina y la temperatura del agua era buena, casi caliente, por lo que el baño fue largo. Nos secamos al sol en la orilla y aprovechamos para comer y ya a los postres nos divertimos como niños, tuvimos poco menos que un campeonato de lanzamiento de piedras planas al agua, a ver quién conseguía más saltos. Creo que gano Antolín, que casi consiguió que la piedra llegara saltando hasta la orilla de enfrente del recodo en que nos encontrábamos.
Con frecuencia me sucede que al estar en un sitio ‘antiguo’ o con cierta historia me de por pensar en como sería el entorno o como se viviría en otras épocas, o como se construyó aquello, etc ... En esta ocasión nosotros nos bañamos, comimos relajadamente y nos entretuvimos haciendo saltar las piedras en el agua, pero … ¿cómo era este sitio antes de que hubiera una presa? ¿cómo y por qué se hizo la presa de Puentes Viejas?

Se construyó en dos fases, la primera entre 1917 y 1925, y su fin era tener más capacidad de abastecimiento a la ciudad de Madrid. Hasta entonces solo existía la presa de El Villar, en el mismo rio aguas abajo. Se utilizó la tecnología más avanzada del momento, nada menos que las primeras hormigoneras y apisonadoras eléctricas. Posteriormente se ampliaría hasta la capacidad actual entre 1932 y 1935.No obstante la finalización definitiva no fue hasta 1960. Faltaban remates que se aplazaron debido a la guerra y que por las razones que sea no llegaron a finalizarse hasta dicho año.
Otro tema del pasado en torno a esta presa es el famoso ‘Frente del Agua’ durante La Guerra Civil. Resulta que el mantenimiento del abastecimiento de agua a Madrid era un tema de vital importancia: si los sublevados consiguieran cortarlo, en un mes Madrid caería y seguramente la guerra hubiera durado mucho menos. Por eso en esta zona hubo un frente: Los republicanos para defender la presa y los sublevados para intentar conquistarla.

Curioso frente por cierto, durante tres años estuvo estabilizado, unos a un lado y los otros al otro, pero casi sin ataques, se le llama también ‘el frente olvidado’. Hasta hubo momentos de confraternización, como un intento de jugar un partido de futbol entre ambos bandos, o muchas ocasiones de intercambio de tabaco, suministrado desde el lado sublevado, a cambio d papel de liar, por el lado republicano. El frente se abandonó con el final de la guerra. Pero ¿por qué estuvo este frente tan olvidado durante toda La Guerra? Esa es otra historia. Bueno, el caso es que ahí estábamos nosotros, bañándonos tranquilamente al sol y no como los soldados hace 80 años, metidos en trincheras durante tres años.
En fin, dejémonos de batallitas. Como quiera que la lluvia continuaba siendo una seria amenaza, por muy relajados que estuviéramos, no nos quedaba otra que seguir la ruta, inicialmente bordeamos un poco el embalse, pero pronto decidimos acortar ‘en línea recta’ hacia los coches. Para ello tuvimos que lidiar con un montón de barreras, a veces vallas de piedra que pasábamos por encima y otras alambradas, que pasábamos por debajo, a gatas, incluso reptando.
La tormenta nos perseguía, ya en la distancia vimos como llovía fuertemente, incluso tronaba, donde un rato antes nos habíamos bañado. La propia tormenta nos metía prisa.
Aun nos quedaba algo por ver, en la última gran finca que cruzamos, ya pegados al pueblo, contemplamos como varios cervatillos corrían raudos y veloces, tal vez jugando, tal vez asustados por la incipiente tormenta, o tal vez al vernos a nosotros. El caso es que fue un hermoso espectáculo verles correr 200 o 300 metros seguidos.
Y finalizamos. Esta vez el cuentakilómetros se paró en la distancia inicialmente prevista, algo más de 15 km, y nos fuimos a una terraza  al centro del pueblo a disfrutar de las merecidas jarras de cerveza, que corrieron por cuenta del nuevo Estrella Negra, yo.
Pero, ¿y la tormenta? Pues la tormenta esperó a que termináramos las cervezas, sólo nos hizo correr unos metros hasta alcanzar los coches, y una vez dentro explotó, y diluvió durante un rato largo. Una vez más, ese extraño pacto con San Pedro nos ayudó.
En conclusión: tranquila, muy tranquila excursión, con muy pocos asistentes, con la temperatura justa en cada momento, sin agua de lluvia, con agua de placentero baño donde 80 años atrás fue una peligrosa zona de nuestra guerra ¿cuánto hubieran durado los veloces cervatillos en aquella época?.
Seré neutral: lo dejo en 3 sicarias.
Jorge Montero

miércoles, 23 de agosto de 2017

Excursión 364: Río Duratón

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de Villaseca

Final: Sepúlveda
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,6 Km 
Desnivel [+]: 266 m 
Desnivel [--]: 194m 
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable:
Valoración: 4,3
Participantes: 24

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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Hay que empezar por decir que, el poder de convocatoria que tienen los “primos” Cid es de un poderío inmenso. O, ¿es el cordero el responsable de la afluencia masiva a una memorable marcha, con río pero sin baño?. Corramos el “estúpido” velo, digo el “tupido” velo y dejemos en una atractiva incógnita su acertijo.

Habíamos quedado, como de costumbre, en la plaza del pueblo con la mala suerte que ese día en Sepúlveda había mercadillo, y no precisamente medieval, por lo que no hubo manera de contactar de una manera razonable con los 24 participantes que tuvimos la osadía de presentarnos aquí para disfrutar de la marcha, la compañía, la sombra, el río, la temperatura y por supuesto “el cabrito”, digo “el cordero”  que nos esperaba al final de la ruta.

Superados esos primeros momentos de cierto “desastre” organizativo con los coches de los que iban y los que se quedaban, iniciamos nuestro traslado hacía el Puente de Villaseca, en los márgenes del Río Duratón punto de comienzo de la jornada.

Llegados a este punto, miel sobre hojuelas. Enseguida la organización se puso manos a la obra y se inició el agradable paseo que, como de costumbre, parecía más una romería, a la que sólo le faltaba ir cantando algunos “salmos”, que un grupo de “avezados” senderistas dispuestos a cualquier sacrificio que el/los diferentes “boss” pudieran plantear.

Nada más iniciar la marcha llegamos a la Cueva de los Siete Altares, que estaba bien enrejada para evitar que alguien pudiera cometer alguna “salvajada”.

Proseguimos nuestro camino atravesando distintos cauces que en estas fechas estaban más que secos que una “mojama”: el Arroyo de Valdepino, el Arroyo de Valdemuelas. Mencionar, asimismo, los diferentes puentes que atraviesan el río y que nos permitieron vislumbrar unas imágenes llenas de luz, sombra y color: Puente del Villar, Puente de Talcano, Presa de la Fábrica de la Luz  y Puente de Picazos.

Hubo un momento del recorrido que a punto estuvieron de ser “excomulgados” ciertos elementos subversivos que, o bien estaban sordos o se hacían los sordos, pues no parecían dispuestos a rezar “el ángelus” y no paraban de caminar ni a pesar de la amenaza que pendía sobre sus cabezas. Por fin pararon y pudimos disfrutar de las “viandas”, de la “charleta” y de la compañía, sin prisas y sin pausas. Jajajaja.

Hemos de decir que, afortunadamente, pudimos refrescarnos en las diversas fuentes que nos encontramos en nuestro recorrido:  Fuente del Chorrillo, Fuente Redonda, Fuente de la Hontanilla, lo que nos permitió llegar con nuestras fuerzas casi intactas al duro final de la marcha el Arco de la Fuerza que nos obligó a ascender en 500 metros un desnivel +/- 300 metros una pared que después de 13 kilómetros de recorrido nos costó sangre, sudor y lagrimas.

Mención especial merecen, como siempre, nuestras chicas que se portaron como unas “jabatas” y superaron todas las dificultades sin esfuerzo “aparente”, jajajaja. Y, por supuesto, nuestro “baby”, Lucas, nieto de Julián, que se portó como un campeón. Ánimo, chaval.

Pero lo más importante y esperado vino después, la tradicional cervecita, para los que ya íbamos más que “perjudicados”, en Sepúlveda, mientras esperábamos a los conductores que dejaron sus vehículos en el inicio de la marcha, y nuestro traslado a la población de Navares de Enmedio, piscina municipal, lugar previsto por los “Cid” para degustar ese famoso “cordero” segoviano que fue la delicia de todos los comensales, bien regado con vinos, aguas, postres y cafés. Un sobresaliente para este evento gastronómico. Y para rematar “la faena”, unos partiditos de “futbolín”, recordando tiempos pasados, en los que volvieron a brillar con luz propia y ajena, a pesar de los críticas recibidas, los “maestros” de este arte, Santi/Marcelo. Olé, ole, y ole. Jajajaja.

Por último, la agencia “esa” propone 3,5 sicarias para la marcha y 5 para la marcha gastronómica, lo que redondeando hacen 4,3.
Marcelo

miércoles, 16 de agosto de 2017

Excursión 363: Calas del Pantano de San Juan

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Juan

Final: San Juan
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 10,1 Km 
Desnivel [+]: 377 m 
Desnivel [--]: 377 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)


RUTA EN WIKILOC
Bueno, pues ahí va mi crónica, aunque será un tanto particular, ya que ha sido mi primera ruta. Mi primer contacto con 7 de los senderistas que formaban parte de la ruta, y mis impresiones, que se van a basar en la única y pobre observación de una "novata".

10 de la mañana, mochila, bocatas, botas cómodas, quedada en el Pantano de San Juan... y yo, ¿qué narices hago aquí?

Pues ya que he llegado hasta el sendero, habrá que caminar... ufff!! tiene pinta de ser un día muy caluroso... ánimo, que habrá sombrita y árboles. Ni sombra, ni árboles, pero Enrique, uno de los senderistas, amablemente, me prestó un sombrero... todo facilidades para no salir huyendo.

En fin, comenzamos cruzando el muro de contención de la presa para acercarnos a ver la auténtica presa y una bonita vista del embalse. ¿esto cuenta?, me apresuro a preguntar, no sea que el esfuerzo no estuviese incluido en el recorrido previsto. Sí, que cuenta -ya me siento más animada-.

Tras acercarnos al agua para sacarnos la foto de grupo, con un fondo de barcos atracados que nada envidiaría al de Puerto Banús, la ruta continua por un sendero estrecho, pedregoso y rodeado de árboles (pinos y encinas) -lo intuyo, porque del suelo, yo, no levantaba la vista (por si acaso resbalaba)-, mis compañeros de ruta me amenizaban el camino con sus anécdotas y maravilloso sentido del humor.

Al cabo de un rato, comenzamos a ascender por un camino muy estrecho y bastante incómodo (aquí lo de mirar al suelo, era cuestión de supervivencia). Mi amiga Ana, por la que estoy en estos apuros, me dijo que había un ascenso de unos 220 metros al Cerro de San Esteban, y que, ingenua, me pareció una cifra insignificante. Realmente lo es, pero, recordad, ¡soy novata! seguimos durante un tiempo hasta llegar a la cima, empedrada, con ligeros arbustos, alguna sombra, y unas vistas maravillosas al Pantano de San Juan.

Ya empieza a tener sentido este "tonto" sacrificio de caminar por caminar. Nuestra primera parada para reponer fuerzas, unos aperitivos energéticos y agradable compañía.

De nuevo en marcha, con las oportunas explicaciones de Antonio, que nos dijo que teníamos que bajar por donde habíamos subido. Pensé que estaban más locos de lo que me había figurado en un principio... pero no, era mi primera novatada... ¡que susto!

Continuamos por otro camino, no sin antes hacernos unas fotos en las que yo debía dejar constancia de mi primera vez, subida a un pedestal de piedra con un montículo de un metro aproximadamente. de alto -que luego me enteré que llamaban vértice geodésico- donde se suponía que tenía que subirme para hacerme la foto... eso sí, con ayuda de mis compañeros "por donde hiciera falta". Segunda novatada y, por supuesto, totalmente creíble para mí.

Unas risas... y comenzamos el descenso, que no tenía nada que ver con la empinada subida anterior. Grandes planchas de piedra con musgo, nos iban facilitando la bajada, hasta que llegamos a la orilla del Pantano. Sorprende el tamaño, y el bajo nivel de agua, parte de la ruta no la habríamos podido hacer, si hubiese estado al máximo de su capacidad. La arena blanca, como si de una playa se tratara.

Bajamos entre piedras y arena, hasta llegar al mismo borde del agua para darnos un estupendo baño. Por cierto, el pantano estaba muy tranquilo, prácticamente sin gente. Todos nos zambullimos, y el valiente del grupo, Antonio, llegó hasta una claraboya, en mitad del pantano, los demás, disfrutando de la orilla !sin jugarnos la vida, vaya!

Continuamos camino, entre la arena y senderos estrechos que nos llevaron a una zona tranquila, para tomar un nuevo descanso y comer unos bocadillos, mientras contemplábamos el ir y venir de las lanchas, que dejaban bonitas estelas a su paso.

Esta segunda parte, ya de vuelta, tiene su propio título: "el cardo Mariano". Unas milagrosas pastillas que le recetaron a Nico y que le ha devuelto a la juventud, sus poderes mágicos nos cautivaron a todos. Entre bocado y bocado, el cardo Mariano, formó parte de nuestro menú.

Y ya de regreso, a poco de finalizar, nuestra añorada y deseada cerveza en uno de los merenderos con mejores vistas del pantano. Parada obligatoria para disfrutar de un merecido descanso, al que Paco añadió un último baño.

En resumen, ruta fácil, y con bonitas vistas, ideal para principiantes a la que puntúo con un 4.
Rosa Rodríguez

FOTO REPORTAJES

miércoles, 2 de agosto de 2017

Excursión 362: Río Lozoya y Arroyo del Aguilón

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla

Final: La Isla
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,6 Km 
Desnivel [+]: 321 m 
Desnivel [--]: 321 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 9

MAPAS 
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RESUMEN

FOTOS
Fotos de José María Pérez