miércoles, 2 de agosto de 2017

Excursión 361: Río Alberche

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aldea del Fresno

Final:  Aldea del Fresno
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 6,4 Km 
Desnivel [+]: 73 m 
Desnivel [--]: 73 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Casi sin antelación nos invitó Enrique C. a Selem y a mi. Un día antes nos dijo que llevásemos bocadillo, agua y calzado adecuado. Llegó el día y partimos hacía Aldea de Fresno, acompañaba la mañana pero ni Selem ni yo sabíamos qué nos esperaba en el punto de encuentro, las afueras del pueblo, junto al río Alberche.

Allí, poco a poco aparecían amigos del club, hasta 15 nos reunimos. Separaron los coches, 5 en el inicio, 5 en el final. Todo pensado hasta el milímetro. Parecía un día perfecto, sin móviles, sin preocupaciones, sin pareja, la mente despejada, solo un objetivo empezar a andar y terminar en La Poveda, 8 km. a favor de la corriente del río Alberche.

Esperábamos encontrar “gente” como cada día que salimos a la calle pero tanto Selem como yo nos dimos cuenta que no era gente, eran personas, personas entrañables y sinceras, de esa calidad que cuesta encontrar. Pensaba que tenía suerte de conocer a una, luego dos, tres y así hasta el final y resulta que todos estaban cortados por el mismo patrón, aventureros y nobles compañeros de un viaje desconocido y buenas personas. Pero n
o nos pongamos sentimentales, vamos al asunto.

La ruta era fácil, algo pesada por el agua, al transcurrir enteramente por el lecho del río, pero fácil y lo mejor era que no había normas. Podíamos ir cada uno a nuestro ritmo, delante, detrás. Muy divertido, parecíamos una gran familia de vacaciones, como si nos conociéramos de toda la vida. No nos sorprendía nada de lo que hicieran los demás. Una de las anécdotas fue cuando alguien encontró una colchoneta de playa y la infló, yo nunca lo habría intentado, pero funcionó y pudimos descansar las mochilas guardadas cuidadosamente por Sol y Pepa.

Se llegó a un acuerdo que era el descansar a las 12:00 h. y encontramos una isla a mano derecha del río. Selem y yo nos integramos más en el grupo y compartimos aperitivos y tabletas energéticas. Yo muy feliz, pero el sumun fue cuando Jesús sacó la bota del vino de La Seca, casi lloro de entusiasmo, lástima que desde ese momento empezaron las restricciones, una bota mediana para muchos, resignación.

Paco dio la voz de alarma: "¡¡¡Que sube la marea!!!", pero no le dimos importancia. Calculo que estaríamos en el km. 3, faltaban 5, ya la teníamos medio hecha y pensábamos en la recompensa del final, la cerveza fresca. Pero no, este fue el punto de inflexión, Selem abría el camino después Marta, Lucas -su hijo- y el veterano de buceo profesional Julián luego yo y a unos metros los demás.

Una curva peligrosa, eso es, ellos a media cintura la pasaron y me dieron paso a mí, pero al rebasarla ya no hacía pie y me costó salvar del agua la mochila. Los de delante reían porque acababan de pasar sin nadar y yo no pude. Detrás, todos empezaron a tener más complicaciones, Enrique no pudo mantener seca su mochila y Ana tuvo que agarrarse a una rama para que no le llevase la corriente, era como si alguien hubiese tirado de la cadena y nos arrastrase a todos por la presión.

Antonio o San Antonio dio la primera orden, había que tomar una decisión, éramos un grupo de aventureros, no venía ningún marine ni legionario y tomamos y optó por lo más sensato, volver al punto de encuentro por tierra. Se reunió el grupo en una arboleda a la vereda del río y vimos como seguía creciendo la corriente, fueron momentos de incertidumbre hasta que comenzamos a sacar los alimentos que nos quedaban. La bota empezaba a estar medio vacía y las miradas de a quién le tocaba beber se cruzaban.

Ana y Antonio hicieron una incursión por el bosque a ver por donde podríamos llegar al sendero, los demás ya pensábamos llamar al Samur o al 112, al rato vimos un avión de salvamento y no nos hizo caso. Fueron los peores momentos, algunos almacenaban moras por si había demora pero regresaron los santos, San Antonio y Santa Ana y nos dieron las coordenadas para volver a la vía de regreso.

Iniciamos el regreso, camino de los coches, pasando merendero tras merendero sin ningún consuelo. Una vez en el aparcamiento, nos acercamos a la Poveda en coche, y en el trayecto todos hablaban de Ángel V. y lo comparaban con Fernando Alonso, por lo que corría, y además con una sola mano.

Aparcamos junto a un merendero, al lado de la
Ermita de Nuestra Señora de la Poveda. La mesa parecía que estaba puesta para nosotros, entramos los 15 y muchos tomamos dos cervezas, porque de la primera ni nos enteramos. Se nos pasó el tiempo volando en esa mesa y compartimos lo mejor, nuestras vivencias y anécdotas.

Tras el descanso, visitamos la Ermita y vimos al párroco que parecía italiano. Marta, Luca y Julián se despidieron. Los demás fuimos andando a un merendero cercano donde había una pequeña entrada al río, que ahora llevaba una endiablada corriente. Paco, con un valor extremo, se subió en lo más alto de un árbol y amenazó con tirarse. Todos le dijimos que no lo hiciera pero cuando uno es valiente, es valiente y se tiró. Casi lo lleva la corriente pero usó su fuerza y consiguió reunirse con el grupo. La siguiente en bañarse fue Pepa y casi la perdemos, el río tenía mucha fuerza pero la rescatamos a tiempo.

Ya nos íbamos, pero antes conocimos a un paisano que nos dice que podemos ir a su bar cuando queramos y nos advierte que sueltan el agua del pantano de Picadas a las 12 y lo cierran a las 9, excepto los domingos -que solo abren compuertas por la tarde- pero que como en el día de hoy nunca había visto el río tan cargado, ¡vaya!, hemos tenido mala suerte, habrá que volver en domingo.

Por lo divertida y la intensidad de los momentos vividos otorgo 4 sicarias a esta fluvial excursión.
Flavio.

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